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Blanco en Pandemia. – KEMA
Fotografia por María José Ulloa.

Blanco en Pandemia.

“No salgan de sus casas”, “abastézcanse lo suficiente”, “confinamiento”, “cierre obligatorio”, “estado de emergencia”, son solo algunas de las palabras que creeríamos sacadas de una película cliché de ciencia ficción o terror. Sin embargo, es la dura realidad que vivimos por el COVID-19 a nivel mundial. Una pandemia sin los zombies, ni la anarquía como en la pantalla, pero sino con más pijamas e impotencia.

Dentro de tanta crisis, tragedia, paro económico e incertidumbre, valga recalcar que son también el tipo de situaciones excepcionales que pueden ser un despertar para la sociedad, así como para cada uno de nosotros individualmente.

En este momento nos vemos obligados a alterar nuestra rutina, hacer sacrificios y adaptarnos rápidamente al cambio. Ha sido toda una experiencia ver cómo dentro de nuestra sociedad, ante el miedo y prohibiciones, podemos sacar lo mejor de nosotros mismos como instinto de sobrevivencia. Recordando el yin y el yan, y cómo todo tiene su contrapeso, esta vez no ha sido la excepción. Algunas acciones positivas han resaltado frente a la presión y (seguramente) improvisación de tal situación extraordinaria.

Fotografia por Ricardo Larin.

Dentro de todo este caos económico-social, ha sido excepcional ver cómo empresas a distintas escalas, lograron cambiar su modelo de negocio y proceso de funcionamiento en unas cuantas horas. Cómo se adaptaron y reestructuraron sabiendo que, aunque el mal no iba a tener paro, se podía disminuir su impacto. Empresarios modelos con la esperanza y convicción de que a pesar de ser tarde, todavía no era tan tarde.

Sin importar a qué nivel, todos estamos unidos por la sensación de inestabilidad y falta de control, lo que ha llevado a las personas a empatizar, seguido esto implica más trabajo o sacrificio por menos paga. Los emprendedores y colaboradores se reparten tareas y horarios, buscan herramientas para poder salir adelante, lograr sostener empresas y sobrevolar esta situación dentro de las posibilidades. Virtualización, Deliveries y take-outs, medidas de limpieza extremas, cierres, uso de herramientas tecnológicas y prestaciones de servicios de una forma distinta; son solo algunas de las cosas que más resaltan de lo bien que se han manejado en un momento de cambio negativo forzado.

Se apoyan los negocios locales más que nunca, de una forma genuina, porque estamos conscientes de lo que implica no contar con esas fuentes, no poder ir a aquel lugar que tanto nos encanta, aquella amiga que sabemos que le ha costado, aquel amigo que se ha quedado sin ingreso o simplemente porque nosotros mismos nos encontramos en tal situación y lo entendemos. Muchos se han concentrado en promover y compartir en redes menos selfies sin interés y más información, diversión, habilidades y risas; formando consciencia social para pasar los días de encierro.


Sin apercibirnos, probablemente estamos más unidos a escala mundial que en cualquier momento de nuestra historia.”

El impacto positivo al medio ambiente por la disminución de tantas actividades es un hecho. Por “insensible” que pueda percibirse esto, es una realidad que (afortunadamente) muchos han señalado. Después de los incendios de California, selva Amazónica, Australia, entre otras catástrofes naturales en los recientes años, la naturaleza nos ha querido dar muchas lecciones que no parecemos comprender.
Esta vez, está la esperanza que muchos otros lo vean y actúen.

El verdadero virus lo hemos causado nosotros y esto podría abrir los ojos de más personas en el tema. Los cielos de las ciudades se perciben despejados nuevamente, al igual que las calles y aguas, sin la saturación y polución causadas por nuestro consumo irresponsable en masa.

A propósito, o no, nuestros recursos naturales están mejor, beneficiándonos a todos a largo plazo.”

Médicos, científicos, enfermeros, trabajadores de lugares y servicios de consumo básico y públicos, maestros, así como personal que garantizan la continuación de los servicios a los cuales estamos acostumbrados y que tomamos por garantizados, han demostrado sacrificio en estos tiempos.

Personas que han recordado que al final su labor es por una pasión y extrema empatía por la vida humana y no por un salario. Trabajos que no suelen ser reconocidos están recobrando el valor que se merecen ante el mundo.


Claro, siempre están aquellas que “no necesitamos” o “no abonan” a la sociedad. Antes de juzgarme por esas “fuertes” palabras, no me refiero a personas particulares, sino a las acciones que cada uno de nosotros puede realizar de forma egoísta (conscientes o no), dejando la ética de lado por intereses propios.

Aquellas acciones que, como seres racionales y con libre albedrío, decidimos igual llevar a cabo causando más daño que aporte, creando pánico, estrés y propagando irresponsablemente pandemia y miedo. Las que poco a poco han ido disminuyendo a medida la situación se ha vuelto más tangible y que al parecer ha sembrado una semilla en algunos para tratar de ser mejores cada día. Acciones que lamentablemente todavía están demasiado presente en nuestro cotidiano y que probablemente, por desgracia, nunca desaparecerán, con la esperanza de reducirlas.

Fotografía por Carlos Roberto Rivas.

Lo más difícil está por venir: salir de esto, levantar hogares, negocios, países y mentalidades. Ya hemos demostrado que muchos somos capaces de sacar lo mejor de nosotros mismos, siendo propositivos, positivos y activistas de soluciones y no de problemas en los momentos difíciles. Ahora solo debemos seguir con ese espíritu, presionar a los más tercos para unirse a la causa y saber que las cosas se logran con determinación, disciplina y valor.

Dejemos la doble moral, actuemos correctamente para que otros no tengan que cargar con nosotros. Hagámoslo porque es lo correcto, por nosotros mismos, y no por como se ve ni quién lo comparta. Si todos actuamos siendo socialmente conscientes y responsables de forma individual, los beneficios tanto sociales como particulares se verán pronto y mejores.

Fotografía por Pablo Martinez.

Usemos nuestro sentido común y evitemos: la propagación de fake news; el acaparamiento de productos; aprovechamiento de la situación promoviendo valores anti-éticos, individualistas o egoístas; bromas valorizando e incitando el sedentarismo y aburrimiento causados por la comodidad y falta de creatividad; propagación de la ansiedad, estrés o culpabilidad; entre otros.

Aprovechemos esta cuarentena para enfocarnos en nosotros mismos. Definir quiénes somos y quienes queremos ser como seres individuales y como parte de una comunidad. Conocernos mejor, ser creativos, comprensivos, reforzar lazos, meditar y seguir creciendo fuera de la zona de confort que nos hemos impuesto. Esta situación ha causado mucho dolor de distintas formas, no permitamos que siga afectándonos más, sin importar cómo nos venga.

Todo acto tiene su consecuencia, está en nosotros definir cuál será esta.”

Finalizo con un gran elogio a aquellos que han hecho de este momento algo sostenible lleno de esperanza, compartiendo lo necesario: información real, creatividad, emprendimiento, risas, valor, iniciativa, arte, inspiración, solidaridad, talento, empatía, consciencia y un buen espíritu; a través de sus acciones.

En ciertos momentos excepcionales no hay respuesta correcta, solo decisiones con cuyas consecuencias aceptamos vivir.”

¡Los invito a que continuemos con estos buenos ejemplos y la buena actitud sin importar las circunstancias!

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